Llevamos años cambiando las toallas cada semana. La ciencia apunta a que lo importante no es cuándo las cambias, sino cómo las lavas

No hacer un buen lavado de toallas puede provocar que las bacterias acaben en el tambor de la lavadora

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José A. Lizana

Editor

Dentro del ámbito del hogar hay diferentes debates que son fuente de controversia, como por ejemplo la frecuencia del cambio de sábanas. Pero también es importante saber cómo hay que lavar las toallas, puesto que a veces lo normal es echarlas a la lavadora, agregar un poco de detergente y poner el programa eco para ahorrar en la factura de la luz un par de euros. El problema es que aquí no eliminamos toda la suciedad que hay en nuestras toallas. 

La importancia de la temperatura. En la limpieza del hogar nos empeñamos en muchas ocasiones por la frecuencia que seguimos para lavar las toallas, pero lo importante está en la temperatura de la lavadora. Y es que tal y como apunta un estudio publicado en 2017, en las últimas décadas los hogares europeos han bajado drásticamente las temperaturas de lavado para ahorrar energía. A esto se suma que hemos cambiado los detergentes en polvo por los detergentes líquidos, los cuales, por su formulación, no suelen incluir lejía oxigenada.

El resultado es que hemos convertido el tambor de la lavadora en un balneario para las bacterias que habitan en nuestras toallas. Y no es para menos, puesto que los expertos apuntan a que la temperatura es el factor más importante para controlar a estos patógenos y para ello hay que superar la barrera de 40 o 60 ºC de manera mantenida. 

Importa el número. Si lavamos por debajo de 20 °C, el uso de aditivos químicos, como enzimas o lejía, pasa de ser opcional a ser absolutamente imprescindible para conseguir el resultado que todos esperamos. 

La resistencia. A día de hoy, lavar a 40 ºC ya consigue reducir las bacterias que hay en las toallas, como por ejemplo Staphylococcus aureus, al menos un millón de veces. Es decir, poner la lavadora a 40 ºC no es inútil ni peligroso en un hogar promedio, sobre todo porque el secado posterior (en secadora) o el planchado eliminan los microorganismos ambientales que la propia lavadora introduce durante el ciclo.

No obstante, si buscamos una descontaminación rotunda, los 60 °C son imbatibles, puesto que se ha medido que mantener esta temperatura durante 10 minutos reduce la carga bacteriana en más de 7 logaritmos. 

Se puede compensar. En el caso de no querer llegar a estos niveles de temperatura, se puede tirar de la química, compensando con el uso de detergentes con lejía oxigenada en polvo o alargando considerablemente el tiempo del ciclo de lavado.

Se quedan en la lavadora. El problema de lavar en frío y sin los químicos adecuados no es solo que la toalla no quede limpia, sino que la propia máquina comienza a retener a estas bacterias. En 2022, un análisis exhaustivo del microbioma del ciclo de lavado demostró la relación directa entre las comunidades de bacterias de la lavadora, las toallas usadas y ese característico y desagradable "olor a humedad" que termina apareciendo. 

Además de ver que las bacterias se pueden quedar aquí, la ciencia ha encontrado genes de resistencia a antibióticos en el 79% de los microorganismos que habitan en el tambor. Además, descubrieron que con temperaturas de entre 20 y 50 °C, una cepa problemática como el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina solo se reducía entre un 37 % y un 61 %. 

El consejo. Una vez vista toda la bibliografía que hay publicada sobre este tema, se puede aconsejar que lo mejor es que las toallas se laven cada semana a 60 ºC, o al menos a 40 ºC, utilizando preferentemente un detergente en polvo que contenga lejía con base de oxígeno. 

Imágenes | Skylar Kang 

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